San Pío de Pietrelcina (Padre Pío): quién fue y qué nos enseña
San Pío de Pietrelcina · 1887-1968 · Fiesta: 23 de septiembre · Fundador de los Grupos de Oración · Invocado por los enfermos
El Padre Pío fue un fraile capuchino italiano que pasó cincuenta años confesando en un convento del sur de Italia y acabó siendo uno de los santos más queridos del siglo XX. Ni predicó en grandes plazas ni escribió tratados: se limitó a rezar, celebrar la Misa y escuchar a la gente, uno por uno, hasta agotarse.
¿Quién fue San Pío de Pietrelcina?
- Nombre de bautismo: Francesco Forgione
- Nacimiento: Pietrelcina (Benevento), 1887
- Ordenación sacerdotal: 1910
- Muerte: San Giovanni Rotondo, 23 de septiembre de 1968
- Canonización: 16 de junio de 2002, por Juan Pablo II
Se llamaba Francesco Forgione y nació en 1887 en Pietrelcina, un pueblo de campesinos de la provincia de Benevento. Entró muy joven en los frailes menores capuchinos, en enero de 1903, donde tomó el nombre de fray Pío, y fue ordenado sacerdote en 1910. Durante la Primera Guerra Mundial fue llamado a filas y destinado al cuerpo sanitario.
Desde 1916 vivió en el convento de San Giovanni Rotondo, en el Gargano, y allí permaneció hasta su muerte. En 1918 aparecieron en su cuerpo las llagas que lo acompañarían medio siglo. Nunca las exhibió —las cubría con unos mitones y le incomodaba hablar de ellas—, pero atrajeron a multitudes. La Iglesia fue prudente: durante años le impusieron restricciones y le prohibieron celebrar en público. Él obedeció sin protestar, y esa obediencia callada acabó siendo uno de los argumentos más sólidos a su favor.
Fundó los Grupos de Oración, que siguen reuniéndose hoy en parroquias de todo el mundo, y en 1956 inauguró la Casa Alivio del Sufrimiento, un hospital levantado con donativos de gente sencilla. Murió el 23 de septiembre de 1968. Fue beatificado en 1999 y canonizado el 16 de junio de 2002 por Juan Pablo II.
¿Qué nos enseña hoy el Padre Pío?
Su consejo más repetido cabe en una línea: reza, espera y no te preocupes. Suena a frase de calendario hasta que uno recuerda a quién se lo decía — a gente con deudas, con enfermos en casa, con hijos que se habían alejado de la fe. Gente como nosotros.
El Padre Pío no enseñó a evitar el sufrimiento, porque él no lo evitó. Enseñó a no cargarlo solo. Su vida entera dice que el dolor ofrecido en silencio, sin hacer bandera de él, no se pierde: se convierte en algo que sostiene a otros. En una época que huye del dolor a toda costa, es un mensaje incómodo y liberador a la vez.
¿Para qué se le pide a San Pío?
Se le invoca sobre todo por los enfermos y por quienes atraviesan un sufrimiento largo; también por las confesiones difíciles y por la constancia en la oración. Su santuario de San Giovanni Rotondo recibe cada año millones de peregrinos.
En su iconografía aparece casi siempre con el hábito marrón de los capuchinos, la barba blanca y los mitones que cubrían sus manos.
Oración a San Pío de Pietrelcina
San Pío, humilde fraile de manos escondidas: tú que escuchaste durante años a los que llegaban rotos y a ninguno despediste sin esperanza, escucha también esta intención que llevo dentro. Alcánzame de Dios la salud que necesito, la paciencia que me falta y la valentía de volver a empezar. Y enséñame tu secreto sencillo: rezar más y temer menos. Amén.
Oración compuesta por Devoción Católica.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se celebra a San Pío de Pietrelcina?
El 23 de septiembre, aniversario de su muerte en 1968. En muchos lugares se prepara la fiesta con una novena que se reza del 14 al 22 de septiembre.
¿Por qué se le llama Padre Pío?
Porque tomó el nombre de fray Pío al entrar en los capuchinos, y «padre» es el tratamiento habitual de los frailes sacerdotes. Su nombre de bautismo era Francesco Forgione.
¿Para qué se le pide a San Pío de Pietrelcina?
Sobre todo por los enfermos, por quienes llevan un sufrimiento prolongado y por la gracia de una buena confesión. Como con cualquier santo, se le pide intercesión ante Dios, no favores garantizados.
Puedes rezar la novena a San Pío de Pietrelcina completa, día a día, o terminar la jornada con la oración de la noche.
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