Novena
Novena a San Pío de Pietrelcina (Padre Pío)
Se reza del 14 de septiembre al 22 de septiembre, víspera de su festividad, el 23 de septiembre.
Nueve días de oración con el Padre Pío, el fraile capuchino de las manos llagadas y el confesionario incansable. Cada día tiene su meditación y su oración; puedes rezarla en estas fechas o en cualquier momento del año, con la intención que traigas en el corazón.
- Reza la oración inicial (es la misma los nueve días).
- Lee la meditación y reza la oración del día que toque.
- Añade la jaculatoria y un padrenuestro, un avemaría y un gloria.
- Termina con la oración final. En total, unos diez minutos.
Oración inicial (todos los días)
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor, Dios nuestro, que diste a San Pío de Pietrelcina la gracia de parecerse a tu Hijo en la oración y en el sufrimiento: acompáñanos en esta novena. Por su intercesión, escucha la intención que hoy te presentamos (dila con tus palabras), y danos un corazón confiado para aceptar tu voluntad, que siempre es de Padre.
Día 1 · 14 de septiembre Confía y no te preocupes
El consejo que el Padre Pío más repitió a quienes acudían a él cabe en una línea: reza, espera y no te preocupes. No era una frase hecha: se la decía a gente con deudas, con enfermedades, con hijos lejos de Dios. Gente como nosotros.
La Escritura lo dice a su manera: confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes solo en tu propio juicio (cf. Prov 3,5). Empieza esta novena así: nombrando tu preocupación, y soltándola en manos de Dios.
Oración del día
San Pío, tú que aprendiste a esperar en Dios en los años más oscuros, enséñame tu secreto sencillo: rezar más y temer menos. Toma mi preocupación de estos días y preséntala tú mismo al Señor. Que al acabar esta novena, aunque nada externo haya cambiado todavía, haya cambiado mi corazón.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros. — Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 2 · 15 de septiembre La oración que no se cansa
El Padre Pío pasaba horas rezando y decía de sí mismo que era «un pobre fraile que reza». De su empeño nacieron los Grupos de Oración, que siguen reuniéndose hoy en parroquias de medio mundo. Su vida entera fue una respuesta a la invitación de Jesús: orar siempre, sin desanimarse (cf. Lc 18,1).
Quizá tu oración lleva tiempo pareciendo un monólogo. La novena es precisamente esto: volver un día, y otro, y otro. La constancia ya es fe.
Oración del día
San Pío, maestro de oración perseverante: cuando me canse de pedir, recuérdame que Dios no se cansa de escuchar. Dame la constancia humilde de los que vuelven cada día, y une mi pequeña oración a la tuya delante del Señor.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros. — Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 3 · 16 de septiembre La cruz de cada día
Durante cincuenta años, el Padre Pío llevó en su cuerpo unas llagas dolorosas que la Iglesia estudió con lupa y él con pudor escondía bajo unos mitones. Nunca las exhibió: le bastaba con unirlas en silencio a la cruz de Cristo.
Jesús no promete una vida sin cruz, sino su compañía al cargarla: el que quiera seguirme, que tome su cruz cada día (cf. Lc 9,23). Hoy pon nombre a tu cruz —la salud, la soledad, esa familia que sufre— y no la cargues solo.
Oración del día
San Pío, tú que conociste el dolor sin perder la ternura: enséñame a llevar mi cruz sin amargura y sin hacer de ella bandera. Que sepa unir lo que me duele a la cruz de Jesús, y descubra que, ofrecido con amor, ningún sufrimiento se pierde.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros. — Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 4 · 17 de septiembre El abrazo del perdón
Si algo hizo el Padre Pío hasta el agotamiento fue confesar: hay quien contó diez y hasta quince horas diarias de confesionario. Podía ser exigente, porque se tomaba en serio el alma de cada uno; pero quien volvía arrepentido encontraba un padre.
El cielo, dice Jesús, hace fiesta por un solo pecador que vuelve (cf. Lc 15,7). Quizá esta novena sea el empujón que esperabas para volver a confesarte. No le tengas miedo a la misericordia.
Oración del día
San Pío, confesor incansable: alcánzame la valentía de mirar mi vida con verdad y la humildad de pedir perdón. Y si hace tiempo que no me acerco al sacramento del perdón, camina tú conmigo hasta la puerta. Que conozca la alegría de empezar de nuevo.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros. — Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 5 · 18 de septiembre Una Misa en el centro del día
Quien asistía a la Misa del Padre Pío no la olvidaba: la celebraba despacio, con lágrimas, como quien está viendo lo que celebra. Para él, el altar era el centro exacto de la jornada, y todo lo demás giraba alrededor.
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo», dice Jesús (Jn 6,51). Hoy, si puedes, acércate a una Misa entre semana, o haz una visita breve al sagrario de tu parroquia. Y si no puedes salir de casa, reza este día uniéndote de corazón a todas las Misas que se celebran en el mundo.
Oración del día
San Pío, enamorado de la Eucaristía: contágiame tu asombro. Que no me acostumbre a la Misa ni la despache por cumplir; que descubra en el altar el centro que ordena todo lo demás, y en la comunión el pan que me sostiene los días difíciles.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros. — Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 6 · 19 de septiembre Pequeños delante de Dios
Al Padre Pío lo buscaban multitudes, y él seguía siendo un fraile de pueblo que obedecía a sus superiores incluso cuando le costó años de silencio y de no poder celebrar en público. No se defendió con campañas: se defendió obedeciendo y rezando.
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón», dice el Señor (Mt 11,29). La humildad no es pensar mal de uno mismo: es no necesitar ser el centro. Descansa hoy de ti mismo.
Oración del día
San Pío, humilde entre los humildes: líbrame de la vanidad de querer tener siempre razón y del cansancio de aparentar. Enséñame la libertad de los pequeños, que no se ofenden por todo porque no se deben a su imagen, sino a Dios.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros. — Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 7 · 20 de septiembre De la mano de la Virgen
El rosario no se le caía de las manos: el Padre Pío lo llamaba su «arma», y lo rezaba una y otra vez entre confesión y confesión. A quien le pedía un consejo espiritual solía despedirlo igual: ama a la Virgen y haz que la amen.
Desde la cruz, Jesús nos dejó a su Madre: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27). Hoy reza al menos un misterio del rosario por tu intención. Si hace años que no lo rezas, en esta misma web te explicamos cómo rezar el rosario paso a paso.
Oración del día
San Pío, hijo devoto de María: ponme como tú de la mano de la Virgen. Que el rosario no sea para mí una rutina, sino una manera de mirar la vida de Jesús con los ojos de su Madre, y de dejarle a ella mis intenciones, que las guarda mejor que yo.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros. — Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 8 · 21 de septiembre La alegría de los que esperan
Con todo lo que llevaba encima, el Padre Pío tenía un humor campechano que desarmaba: bromeaba con los peregrinos, quitaba dramatismo, mandaba a la gente a casa con paz. La santidad no le quitó el carácter; se lo transfiguró.
San Pablo lo resume en tres pinceladas: alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación, constantes en la oración (cf. Rom 12,12). La tristeza crónica no es más piadosa. Hoy, regálale a alguien de tu casa un rato de buen humor.
Oración del día
San Pío, santo del humor serio: contágiame la alegría de los que esperan en Dios. Que mi fe no sea un peso para los que viven conmigo, sino una luz encendida; y que sepa sonreír también en los días torcidos, porque sé de quién me he fiado.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros. — Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Día 9 · 22 de septiembre Manos para los que sufren
El Padre Pío no se quedó en la mística: levantó un hospital, la Casa Alivio del Sufrimiento, inaugurada en 1956 en San Giovanni Rotondo, porque decía que en el enfermo hay que ver y servir al mismo Cristo doliente.
Es el criterio con el que seremos examinados: lo que hicisteis con uno de estos, conmigo lo hicisteis (cf. Mt 25,40). Termina la novena con un gesto concreto: una visita, una llamada a quien está enfermo o solo, una ayuda discreta. La oración desemboca en las manos.
Oración del día
San Pío, hermano de los que sufren: no dejes que mi novena acabe en palabras. Dame ojos para ver al Cristo doliente en los enfermos y los solos que tengo cerca, y manos dispuestas a hacer por ellos algo concreto hoy. Y presenta tú al Señor, una vez más, la intención con la que empecé estos nueve días.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros. — Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Oración final (todos los días)
Padre bueno: gracias por la vida de San Pío de Pietrelcina, que hizo de la oración su trabajo y del sufrimiento una ofrenda. Por su intercesión te confío mi intención, mi familia y mis difuntos. Concédeme lo que te pido, si es tu voluntad, y concédeme siempre lo que más me acerque a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
¿Quién fue San Pío de Pietrelcina?
Francesco Forgione nació en Pietrelcina, un pueblo del sur de Italia, en 1887, y tomó el nombre de fray Pío al entrar en los frailes capuchinos. Desde 1916 vivió en el convento de San Giovanni Rotondo, donde murió el 23 de septiembre de 1968 — el día en que hoy se celebra su fiesta.
Dos cosas lo hicieron conocido en el mundo entero: las llagas que presentó en su cuerpo durante medio siglo, y su entrega sin horario al confesionario, donde reconcilió con Dios a multitudes. De su oración nacieron los Grupos de Oración y la Casa Alivio del Sufrimiento, el hospital que fundó en 1956. Fue beatificado en 1999 y canonizado en 2002 por Juan Pablo II.
A San Pío se le pide especialmente por los enfermos y por quienes cargan un sufrimiento largo, por las confesiones difíciles y por la constancia en la oración. Como con todo santo, su intercesión no es un talismán: es la ayuda de un hermano mayor que reza con nosotros y nos empuja hacia Dios.
Si quieres conocer su vida con más detalle, la contamos en la ficha de San Pío de Pietrelcina. Las meditaciones y oraciones de esta novena son composición propia de Devoción Católica, escritas sobre los rasgos históricos de su vida. Si la rezas por la noche, puede ayudarte terminar con nuestra oración de la noche antes de dormir. Si en algún momento necesitas el texto de una oración de siempre, lo tienes en las oraciones católicas básicas.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo empieza la novena a San Pío en 2026?
El 14 de septiembre de 2026, para terminar el 22 de septiembre, víspera de su festividad (23 de septiembre). Dicho esto, una novena puede rezarse en cualquier momento del año en que la necesites: lo esencial son los nueve días seguidos, no la fecha.
¿Cómo se reza la novena a San Pío de Pietrelcina?
Cada día, durante nueve días: la oración inicial, la meditación y la oración del día que corresponda, la jaculatoria, y un padrenuestro, un avemaría y un gloria. Termina con la oración final. En total, unos diez minutos diarios.
¿Qué se le pide a San Pío de Pietrelcina?
Tradicionalmente, la salud de los enfermos, el consuelo en el sufrimiento, la gracia de una buena confesión y la constancia en la oración. Puedes rezarla por cualquier intención: lo importante es presentársela a Dios con confianza, sin entender la novena como una fórmula mágica.